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sabato, aprile 16, 2005
Hola profe! espero todo bien... El viaje ha sido magnífico, pero ahora se debe volver a la escuela porque se acerca el día del examen.
Adiós, profe, nos vemos en la escuela!!!
By Bartolomeo V F
domenica, aprile 10, 2005
Praga
Esa es mi visión de Praga. Fui allí el año pasado.
Ahora espero la vuestra, a la vuelta de vuestro viaje.
Praga es tan rica como me había dicho y repetido todo el mundo antes de mi viaje, cada lado de su amplio centro histórico lleno de monumentos que van de la edad media al comienzo del siglo XX. Como las capas de una cebolla se superponen estilos sobre estilos. Maravillosas cúpulas góticas y galerías Art Nouveau, catedrales barrocas y edificios cubistas, castillos románicos y torres orientales con cumbres cebolludas (vuelve otra vez este nacarado bulbo comestible que hace llorar sin pena). Pero Praga es también un tópico de nuestros tiempos, un lugar común de hordas turísticas internacionales que atraviesan más o menos inconscientes siglos y siglos de historia de esta tierra que fue encrucijada de norte a sur y, aún más, de este a oeste. Una parte central de Mitteleuropa que nos obstinamos a llamar Europa Oriental más por razones de historia recién que por autenticas motivaciones geográficas. Ni falta, entre tantas preciosas antigüedades, un luminoso ejemplo de edificio contemporáneo de Frank O' Gehry y de un arquitecto checo (Vlado Milunic). Lo llaman Ginger y Fred o Tancici Dum (Casa danzante) porque se trata de dos esbeltos edificios que se aprietan sinuosamente como en un elegante baile clásico y moderno. El hechizo pragués se acrecienta a la luz de las leyendas judías de Golem y sabios y la metafísica de unos laberintos de calles y callejuelas muchos más kafkaianos de las decenas de lugares en los que se dice que Kafka hizo eso o esa otra cosa a lo largo de toda su vida trascurrida entre su ciudad natal y los recovecos de su creatividad inquieta. Y a lado de todo un caudaloso y algo amenazador Moldava con sus 18 puentes, entre los cuales destaca el primero, el más antiguo y renombrado, el Karluv Most (Puente Carlos): un verdadero museo de esculturas al aire libre (incluyendo una estatua de San Cayetano que da envidia al homónimo monumento napolitano escondido en un famoso callejón de Via Tribunali). Pero la horda normalmente no detiene su atención sobre las estatuas: a lo largo del puente artesanos, juglares y músicos entretienen los turista reconstruyendo la clásica atmósfera de feria medieval que se puede respirar en Santiago de Compostela como en Reims o en Orvieto. Yo mismo recorrí el largo puente decenas de veces moviendo los ojos, los oídos y todos mis sentidos de un interés a otro, como presa perenne del ajenjo que descubrí una tarde lluviosa en un bar del centro.Lo único que no acaba de convencerme de esta espléndida ciudad es cierta artificialidad con la que se hospedan los millares de turistas (todos extranjeros) en hoteles, bares y restaurantes de la ciudad. Siempre con una falsa pátina de algo antiguo en locales que por cierto nacieron después de 1989, el año de la caída del muro de Berlín y del comienzo de lo que por allí llaman la "revolución de terciopelo". Como si por aquellas calles nunca hubiera existido el socialismo real de molde soviético. Años y años completamente borrados. Y allí donde estaba una enorme estatua de Stalin ahora destaca un metrónomo de unos cinco o seis metros de altura que marca como todo cambia a lo largo de los tiempos y los gobiernos.En estos días también tuve la posibilidad de oír buena música y comprar una docena de CD de autores experimentales o alternativos de la República checa. Ahora mismo suena, canta, susurra y grita en mi habitación Iva Bittová, genial violinista y cantaora de aquella generosa tierra donde Mozart estrenó el don Giovanni y Frank Zappa hizo de embajador.
Espero que lo estéis pasando fatal.
Hasta luego,
vuestro profe
gaetano
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